Cuentos y Fábulas
- Sedna y el origen del pueblo INUIT
- Fábula del Hombre y sus Perros
- El Perro y Kakasbal
- Un Perro sabio
- Diario del Perro
Sedna y el origen del pueblo INUIT
Había en ese entonces una joven muy hermosa llamada Kannakapfaluk (SEDNA) que rechazaba a todos los pretendientes que le proponían. Finalmente fue raptada por un perro que la llevó a su isla. Juntos tuvieron varios cachorros.
Un día que su marido había salido, Sedna puso a sus hijos en sus botas y los empujó al mar. Algunos debieron errar durante largo tiempo antes de tocar tierra; dieron a luz a los Qablunat (hombres blancos) y a los amerindios, que parecen hombres pero sin serlo del todo. Los otros, que eran los más hermosos, los más fuertes, los más listos, los más amados y los mejor armados, abordaron cerca; se convirtieron en los "HOMBRE VERDADEROS", los inuits.

Otra versión menciona que SEDNA, al cazarse con un perro, destató la ira de su padre, quien la lanzó al mar y le cortó los dedos cuando trató de subirse nuevamente a la barca. Sedna se hundió en el fondo del mar donde se convirtió en un poderoso espíritu y sus dedos cortados se transformaron en las primeras focas. Como señora de los mares, Sedna es importantísima para la supervivencia humana. Sin embargo, el maltrato que recibiera por parte de su padre la ha hecho muy caprichosa por lo cual si no es aplacada de manera constante se ocupa de encerrar a los animales marinos y la humanidad muere de hambre. Cuando esto sucede, un chamán debe viajar hasta su casa y enfrentarse a los terribles guardianes hasta implorar a Sedna, cara a cara.
Para los Inuit todos los pecados de la humanidad caen en el océano y se acumulan en el pelo de Sedna en forma de grasa y suciedad. Cuando el Chaman viaja hacia ella, debe ocuparse de limpiar y trenzar sus cabellos porque ella no puede hacerlo ya que su padre le cortó los dedos. En agradecimiento por esta tarea, libera a los animales y la humandidad vuelve a comer.
Fábula del Hombre y sus Perros
Un hombre tenía dos perros. Uno era para la caza y otro para el cuidado. Cuando salía de cacería iba con el de caza, y si cogía alguna presa, al regresar, el amo le regalaba un pedazo al perro guardián. Descontento por esto el perro de caza, lanzó a su compañero algunos reproches: que sólo era él quien salía y sufría en todo momento, mientras que el otro perro, el cuidador, sin hacer nada, disfrutaba de su trabajo de caza.
El perro guardián le contestó:
¡No es a mí a quien debes de reclamar, sino a nuestro amo, ya que en lugar de enseñarme a trabajar como a tí, me ha enseñado a vivir tranquilamente del trabajo ajeno!
Moraleja:
Pide siempre a tus mayores que te enseñen una preparación y trabajo digno para afrontar tu futuro, y esfórzate en aprenderlo correctamente.
Un hombre era tan pobre que siempre estaba de mal humor y así no perdía la ocasión de maltratar a un infeliz perro que tenía. Kakasbal [espíritu del mal], que está en todo, vio que podía sacar partido de la inquina que seguramente el perro sentía contra su amo y así se le apareció y le dijo:
Ven acá y dime qué te pasa, pues te veo triste.
Cómo no he de estarlo si mi amo me pega cada vez que quiere— respondió el perro.
Yo sé que es de malos sentimientos. ¿Por qué no lo abandonas?

Es mi amo y debo serle fiel.
Yo podría ayudarte a escapar.
Por nada le dejaré.
Nunca agradecerá tu fidelidad.
No importa, le seré fiel.
Pero tanto insistió Kakasbal que el perro, por quitárselo de encima, le dijo:
Creo que me has convencido; dime, ¿qué debo hacer?
Entrégame tu alma.
¿Y qué me darás a cambio?
Lo que quieras.
Dame un hueso por cada pelo de mi cuerpo.
Acepto.
Cuenta, pues...
Y Kakasbal se puso a contar los pelos del perro; pero cuando sus dedos llegaban a la cola, éste se acordó de la fidelidad que debía a su amo y pegó un salto y la cuenta se perdió.
¿Por qué te mueves?— le preguntó Kakasbal.
No puedo con las pulgas que me comen día y noche. Vuelve a empezar.
Cien veces Kakasbal empezó la cuenta y cien veces tuvo que interrumpirla porque el perro saltaba. Al fin Kakasbal dijo:
No cuento más. Me has engañado; pero me has dado una lección. Ahora sé que es más fácil comprar el alma de un hombre que el alma de un perro.
Un día, pasó cerca de un grupo de gatos, un perro sabio.
Y viendo el perro que los gatos parecían estar absortos, hablando entre sí, y que no advertían su presencia, se detuvo a escuchar lo que decían.
Se levantó entonces un gran gato grave y circunspecto, miró a sus compañeros, y les dijo: Hermanos, orad; y cuando hayáis orado una y otra vez, y vuelto a orar, sin duda alguna lloverán ratones del cielo.
Al oír esto, el perro rió para sus adentros, y se alejó de los gatos, diciendo: ¡Ciegos e insensatos felinos! ¿No está escrito, y no lo he sabido siempre, y mis padres antes que yo, que lo que llueve cuando elevamos al Cielo plegarias y súplicas son huesos, y no ratones?
Esta es la historia, a través del diario de vida de un perro, de muchos animales que fueron adquiridos sin amor ni compromiso...
Diario de un perro
7 Días: Cumplí 7 días... ¡Que alegría llegar a este mundo!
1 Mes: Mi mamá me cuida muy bien. Es una mamá ejemplar.
2 Meses de mi Diario: Hoy estoy triste, me separaron de mi mamá. Ella me dijo adiós, con los ojos, deseando que mi nueva familia humana me cuidara tan bien como ella.
4 Meses de mi Diario: Todo me llama la atención. Los niños de la casa son como mis hermanitos, me tiran la cola y yo los muerdo jugando.
5 Meses: Hoy me retaron. Mi ama se molestó porque me hice pipí en la casa, pero nunca me enseñaron donde debo hacerlo. Además, duermo en el dormitorio... ¡ya no me aguantaba!
8 Meses: ¡Soy feliz! Tengo el calor de un hogar, me siento querido y protegido. Creo que mis amos me quieren: cuando están comiendo me convidan. El patio es para mí solito. Nunca me educan. Debe estar bien todo lo que hago...
12 Meses: Hoy cumplí un año. Mis dueños dicen que crecí más de lo que ellos pensaban. ¡Qué orgullosos estarán!
13 Meses: ¡Qué mal me siento!... Mi hermanito me quitó la pelota, así que se la quité, pero mis mandíbulas se han hecho muy fuertes y le hice daño sin querer. Por eso me encadenaron, casi sin poder moverme; al sol. Dicen que me van a tener en observación y que soy muy ingrato. No entiendo nada.
15 Meses: Ya nada es igual... vivo en la azotea sin techo y cuando llueve me mojo. Me siento muy solo... mi familia ya no me quiere. A veces se les olvida que tengo hambre y sed.
16 Meses: Hoy me bajaron de la azotea, pensando que me habían perdonado, salté de la alegría. Encima de eso, me llevaron con ellos de paseo. Nos enfilamos por una carretera y de pronto se pararon. Abrieron la puerta y yo me bajé feliz. Rápidamente cerraron la puerta y se fueron... ¡Esperen!, ladré... Se olvidan de mí... Corrí detrás del auto con todas mis fuerzas. Mi angustia crecía al darme cuenta que ¡¡¡ME HABÍAN ABANDONADO!!!
17 Meses: A diario he tratado en vano de regresar a casa. Encuentro gente buena que me ve con tristeza y me da algo de comer. Yo les agradezco desde el alma con la mirada. Quisiera que alguien me adoptara, pero sólo dicen pobre perro, se habrá perdido.
18 Meses: Hace unos días pasé por una escuela y un grupo de niños riéndose, me lanzó una lluvia de piedras. Una de ellas me lastimó un ojo y desde entonces no veo por él.
19 Meses: Parece mentira, cuando estaba más bonito se compadecían de mi. Ahora que estoy flaco, sucio, y perdí un ojo la gente me saca a escobazos cuando busco refugio.
20 Meses: Hoy en la calle un auto me atropelló. Creí estar en un lugar seguro llamado cuneta, pero nunca olvidaré la cara de satisfacción del conductor, que hasta se desvió para pegarme. Ojalá me hubiera matado, pero sólo me dislocó la cadera. El dolor es terrible, mis patas traseras no me responden y con dificultad me arrastré a un costado del camino.
Tengo diez días bajo el sol, la lluvia, y sin agua ni comida. Ya no me puedo mover. El dolor es insoportable. Me siento muy mal... Ya casi estoy inconsciente; pero la dulzura de una voz me hizo reaccionar. Pobre perrito, decía... junto a ella había un señor, que dijo: Lo siento. Este perro no tiene remedio, es mejor que deje de sufrir. Ella asintió con lágrimas en los ojos. Como pude, moví, mi colita y la miré agradeciéndole que me ayudara a descansar. Sólo sentí el pinchazo de la inyección y me dormí para siempre pensando que para que tuve que nacer si nadie me quería.
Los comentarios y las palabras sobran para este diario...

