La Búsqueda de la Vida


En cualquier caso, la vida parece ser un fenómeno muy robusto. Se han encontrado indicios de actividad biológica en algunas de las rocas más antiguas de la Tierra, datadas en unos 3.850 millones de años de antigüedad. En aquella época remota, la corteza de la Tierra, recién solidificada, estaba sometida a un continuo bombardeo por grandes meteoritos.
Cada impacto podía arrasar el planeta entero, haciendo que se perdiera toda su atmósfera y que toda el agua de los océanos entrara en ebullición. Haber encontrado indicios de organismos vivos en una época tan temprana sugiere que la vida apareció más de una vez, tras ser borrada de la faz de la Tierra por sucesivos impactos. Si fuera así, se podría decir que la vida es un fenómeno inevitable si se dan las condiciones apropiadas para su desarrollo, y que su aparición se produce en poco tiempo.

Algunos experimentos bioquímicos parecen apuntar en esta dirección. A principios de la década de los años 50, los químicos Harold Urey y Stanley Miller reprodujeron las condiciones de la atmósfera primitiva: mezclaron los gases apropiados (metano, amoniaco, hidrógeno y agua) y los sometieron a los efectos de la radiación ultravioleta y a descargas eléctricas.
A los pocos días se había formado un fluido negro y espeso cuya composición incluía aminoácidos, los constituyentes básicos de la vida. Aunque actualmente se cree que la composición química original de la atmósfera terrestre podría ser bastante distinta de la que supusieron Urey y Miller, ambos dieron un paso importante en la dirección correcta.

Todavía hoy no se conoce con seguridad el mecanismo que puede llevar a la construcción de las primeras células sencillas a partir de moléculas orgánicas. En cualquier caso, este importante paso para la vida se produjo hace muchísimo tiempo.

Cada cien millones de años aproximadamente, el registro fósil recoge la súbita desaparición de un gran número de especies. Se conocen cinco de esas extinciones masivas, la última de las cuales sucedió hace unos 65 millones de años, al final del Cretácico.
Tan remoto acontecimiento dio el pistoletazo de salida a la evolución de los mamíferos. Hasta entonces, y durante más de cien millones de años, los dinosaurios habían dominado la Tierra.
En 1980 un equipo dirigido por el premio Nóbel de física Luis Álvarez propuso que los dinosaurios, y con ellos más del 60% de las especies existentes, fueron víctimas de la caída de un asteroide o cometa de unos 10 kilómetros de diámetro que impactó en los mares del golfo de México (Álvarez, 1980).
Su principal prueba es una capa de iridio, un elemento raro en la corteza terrestre pero común en los meteoritos, que se extiende por toda la Tierra: sólo por debajo de la capa rica en iridio, en estratos más antiguos, se encuentran restos de dinosaurios, nunca por encima de ella.

El riesgo debido a impactos por asteroides y cometas se puede ver incrementado enormemente por el paso de una estrella por las cercanías del Sistema Solar. En tal eventualidad, la gravedad de la estrella haría que incontables cometas de la nube de Oort9 se precipitaran hacia el interior de nuestro sistema planetario.
Por fortuna, en las búsquedas efectuadas sobre los extensos catálogos del satélite Hipparcos no se ha encontrado ninguna estrella candidata a un fenómeno así, si bien no se puede descartar la posibilidad de que una estrella pequeña y poco brillante, no incluida en los catálogos, pudiera desencadenar la lluvia de cometas (ver, por ejemplo, Farley, 1998; Frogel y Gould, 1998; Leicht y Vasisht, 1998).

En cualquier caso, parece probado que el Sistema Solar está todavía en formación y que las colisiones entre sus miembros, aunque con probabilidades muy bajas, no son imposibles. La observación en directo de la colisión entre el cometa Shoemaker-Levy 9 y Júpiter en 1994 es, por ejemplo, una de las pruebas más concluyentes.
Esto ha llevado a los astrónomos a emprender programas de vigilancia y seguimiento de objetos cercanos a la Tierra (Near-Earth Objects o NEOs) y potencialmente peligrosos (Potentially Hazardous Asteroids o PHAs) utilizando varios telescopios en varias localizaciones.




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